Recuerdo cuando era joven, soberbia y
brillante. Todavía conservo las redondeces de otras épocas aunque
aquel brillo se opacó tal vez un poco.
Mi existencia estuvo signada por el
materialismo, aunque siempre sentí que en algún punto no fue más
que un materialismo de poca monta.
En alguna época estuve más cuidada y
sentía incluso que me valoraban. Mi cuerpo pasó muchas veces de
manos en mano y esto jamás me avergonzó... Muy por el contrario
creo que me generaba cierto grado de bienestar. Al principio podía
ver la gratitud en sus gestos, pero cuando el tiempo fue pasando
aquellos gestos se transformaron en indiferentes y hasta desdeñosos.
Y lamentablemente está este presente.
Estoy en este lugar olvidada y sin nadie que me reclame. Olvidada
ingratamente por aquel último descuidado que puso sus manos sobre
mí. Olvidada debajo del banco de esta plaza, mirando un cielo que a
veces es azul y a veces moja con su lluvia. Contrariamente a lo que
muchos pensarían yo también estoy empezando a oxidarme.
Ha bajado drásticamente mi autoestima;
siento que valgo menos que una moneda de 25 centavos, aún cuando lo
sea.